“La arquitectura es esencialmente el arte de habitar.” — Juhani Pallasmaa

Habitar la ladera

Entendemos que la arquitectura no debería tratar solo de resolver formas, estructuras o programas siguiendo estilos o tendencias. Su verdadera esencia debería ser crear espacios capaces de sostener la vida humana.

Habitar no es simplemente ocupar un lugar: es sentirse arraigado, protegido y conectado con lo que nos rodea. Por eso, no deberíamos diseñar objetos, sino experiencias habitables, atmósferas que influyen en cómo percibimos, sentimos y recordamos un espacio.

Etimológicamente, habitar proviene del latín habitare, derivado de habere, que significa “tener”. Habitar no es solo estar en un lugar, sino hacerlo propio; es arraigar el cuerpo y la memoria en el espacio, convertir el entorno físico en experiencia vivida. Cuando hablamos de una vivienda, este sentido cobra, si cabe, aún más fuerza.

El proyecto parte de una condición geográfica determinante: una ladera con un desnivel de 10 metros desde el acceso hasta el fondo de la parcela, y unas vistas privilegiadas hacia la Ría de Villaviciosa, en dirección contraria a la orientación solar ideal. Esta tensión no es un conflicto que el proyecto deba evitar; se asume como origen del proyecto. Habitar aquí significa aceptar la ladera no como un obstáculo, sino como esencia del lugar.

La vivienda no se posa sobre el terreno; se incrusta en él, lo recorre y lo habita. Su diseño escalonado no es una estrategia formal, sino la respuesta arquitectónica que visibiliza la adaptación topográfica, asumiendo el lugar. Cada plataforma construida es un gesto que reconoce la pendiente, la integra y genera una relación sensible entre el cuerpo y la tierra.

La forma resultante de la vivienda es una “L” escalonada, que se adapta al terreno y se abre estratégicamente hacia la mejor orientación posible. Este desarrollo se cubre mediante dos planos de cubierta a dos aguas, cuya cumbrera se fragmenta para permitir la aparición de un espacio elevado: un mirador desde el que contemplar la ría, un lugar desde donde, en definitiva, habitar la ladera.

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