El criterio de ordenación de la vivienda responde a una lectura cuidadosa de los condicionantes climáticos y del entorno físico, con el objetivo de respetar y poner en valor el carácter propio de la parcela. La topografía existente, con un desnivel total de aproximadamente 14 metros entre el lindero norte y sur, se convirtió en un elemento determinante en la toma de decisiones de diseño. Se eligió situar la vivienda en la zona donde la pendiente es menos pronunciada y que ofrecía dimensiones suficientes para implantar el edificio, minimizando así los movimientos de tierra y potenciando una construcción más sostenible y respetuosa con el terreno.
La vivienda se alinea con las curvas de nivel, siguiendo la pendiente natural del terreno y adoptando una orientación casi norte-sur que maximiza el soleamiento en invierno y facilita la ventilación natural durante los meses de verano. Esta orientación permite que la fachada sur, abierta hacia los Picos de Europa, se relacione con la mayor proporción de la parcela, ofreciendo vistas panorámicas, abundante iluminación y un aprovechamiento pasivo de la radiación solar para el confort térmico. Por su parte, la fachada norte, alineada con el linde del vecino y el camino público, se protege mediante el filtro natural que proporcionan los árboles existentes en este sector, adoptando un carácter más cerrado para garantizar privacidad y eficiencia energética.
El resultado es una vivienda que dialoga con el terreno y su entorno, donde la forma y la orientación no solo responden a criterios estéticos, sino también a parámetros de sostenibilidad y confort. La intervención demuestra que el respeto por la topografía, la luz y la vegetación existente permite generar espacios habitables que aprovechan al máximo los recursos naturales, integrando la arquitectura en el paisaje y ofreciendo a sus ocupantes una experiencia plena de bienestar, intimidad y conexión con el entorno.




